Ojo de cereza en perros: por qué nunca debe extirparse

Primer plano del ojo de un perro durante la revisión oftalmológica en la clínica

Aparece de un día para otro: una masa redonda, rosada y brillante que asoma en el ángulo interno del ojo, como una pequeña cereza. Asusta, pero rara vez es una urgencia. Lo que sí importa es que se resuelva bien, porque la decisión quirúrgica que se tome puede condenar al perro a un ojo seco de por vida.

Qué es realmente el "ojo de cereza"

Los perros tienen un tercer párpado o membrana nictitante en el ángulo medial del ojo, y en su base está alojada una glándula lagrimal accesoria. Cuando el tejido que la ancla al periostio de la órbita falla, esa glándula se desplaza y queda expuesta: eso es el prolapso de la glándula del tercer párpado. La causa es una debilidad congénita del ligamento de fijación, no una infección ni un golpe.

La clave clínica es esta: esa glándula aporta cerca de un tercio de la producción total de lágrima acuosa. No es un tejido prescindible.

Qué perros lo presentan

  • Razas predispuestas: Bulldog inglés y francés, Beagle, Cocker Spaniel, Shar Pei, Basset Hound, Lhasa Apso, Shih Tzu, Pequinés y Bull Terrier, entre otras.
  • Edad: la mayoría de los casos aparece en perros jóvenes, habitualmente antes de los dos años.
  • Bilateralidad: es frecuente que el ojo contralateral se prolapse semanas o meses después, sobre todo en razas de riesgo.
  • Conformación: las razas braquicéfalas, con órbitas poco profundas, están sobrerrepresentadas.

Cómo se ve y cuándo consultar

El signo cardinal es la masa ovalada rosada en el ángulo interno. Puede acompañarse de lagrimeo, secreción mucosa, enrojecimiento conjuntival y molestia: el perro se rasca o se frota contra los muebles. Esa fricción es el verdadero riesgo, porque puede provocar erosiones o úlceras corneales y aumentar la inflamación del tejido expuesto.

Conviene consultar dentro de los primeros días. Mientras más tiempo permanece expuesta, la glándula se inflama, se reseca y se hace más difícil de reposicionar. Y ojo con confundirlo: una masa en esa zona en un perro adulto o senior no siempre es un prolapso, puede ser una neoplasia del tercer párpado o un cuadro de conjuntivitis con quemosis, por lo que el diagnóstico siempre es del médico veterinario.

El error que hay que evitar: extirpar la glándula

Durante décadas el tratamiento fue cortar la glándula prolapsada. Es rápido, barato y resuelve el aspecto estético de inmediato… y años después el paciente desarrolla queratoconjuntivitis seca: un ojo crónicamente seco, con secreción espesa, pigmentación corneal, dolor y pérdida progresiva de visión, que requiere colirios de por vida. Hoy la extirpación se reserva solo para casos excepcionales, como una glándula neoplásica o irrecuperable.

Cirugía: reposicionar, no cortar

El estándar actual es reposicionar la glándula preservando su función. Las técnicas más usadas son:

  • Técnica de bolsillo (Morgan): se crea un bolsillo conjuntival en el tercer párpado donde se aloja la glándula y luego se sutura, dejándola cubierta y funcional.
  • Técnica de anclaje (tacking): se fija la glándula al periostio orbitario o al recto ventral mediante sutura.
  • Técnicas combinadas: reservadas para recidivas o prolapsos crónicos muy inflamados.

Es habitual indicar antiinflamatorios tópicos algunos días antes de la cirugía para desinflamar la glándula y facilitar el procedimiento. La recuperación toma en general de dos a cuatro semanas, con collar isabelino, colirios y control postoperatorio. Existe posibilidad de recidiva, más alta en razas braquicéfalas y en prolapsos de larga data, por lo que el seguimiento no es opcional. Como toda cirugía, requiere una evaluación preanestésica adecuada.

Qué debe quedar registrado en la ficha

Un caso de ojo de cereza es, en la práctica, un paciente que volverá: control postoperatorio, vigilancia del ojo contralateral y evaluación de la producción lagrimal en el tiempo. Registrar el ojo afectado, la técnica utilizada, el test de Schirmer basal y los controles programados evita que la información se pierda entre consultas y entre profesionales del mismo equipo. En Wirevet, la ficha clínica del paciente guarda ese historial con fotografías del antes y después, mientras el recordatorio automático de controles se encarga de que el tutor no desaparezca a la tercera semana, justo cuando aún se puede detectar una recidiva a tiempo.

Preguntas frecuentes

¿El ojo de cereza duele o es una urgencia?

No suele ser doloroso al inicio ni constituye una urgencia inmediata, pero sí molesta: el perro se frota y puede lesionarse la córnea. Lo recomendable es consultar dentro de los primeros días, antes de que la glándula se inflame y se reseque.

¿Se puede volver a poner la glándula en su lugar sin cirugía?

En algunos casos muy recientes la glándula se reduce sola o con manejo antiinflamatorio, pero casi siempre vuelve a salir porque el ligamento de fijación está debilitado. La solución definitiva es quirúrgica, con técnicas que reposicionan la glándula en vez de extirparla.

¿Puede aparecer también en el otro ojo?

Sí, es bastante frecuente, sobre todo en razas predispuestas y en perros menores de dos años. Por eso conviene revisar el ojo contralateral en cada control posterior a la cirugía.

¿Qué pasa si le extirparon la glándula hace años?

Ese paciente tiene alto riesgo de desarrollar queratoconjuntivitis seca, así que corresponde medir la producción lagrimal con test de Schirmer y controlar de forma periódica. Llevar esos valores registrados en la ficha clínica —como permite Wirevet— facilita ver la tendencia en el tiempo y ajustar el tratamiento antes de que aparezca daño corneal.

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