Atrofia progresiva de retina en perros (PRA)

Un perro que duda al bajar la escalera de noche, que choca con muebles cuando se apaga la luz o que no quiere salir al patio después del atardecer puede estar mostrando el primer signo de la atrofia progresiva de retina (PRA): una enfermedad hereditaria, indolora y por ahora sin cura, pero que se puede detectar a tiempo y, sobre todo, prevenir en la crianza.
Qué es la atrofia progresiva de retina
La PRA no es una sola enfermedad, sino un grupo de trastornos genéticos en los que las células fotorreceptoras de la retina (bastones y conos) degeneran y mueren, aunque se hayan desarrollado con normalidad al nacer. Como los bastones son los responsables de la visión con poca luz, lo habitual es que el perro pierda primero la visión nocturna y, con meses o años, quede completamente ciego.
La forma más conocida es la degeneración progresiva de conos y bastones (prcd-PRA), de herencia autosómica recesiva: un perro solo la desarrolla si recibe una copia alterada del gen de cada progenitor. Los perros con una sola copia son portadores: ven perfectamente, pero pueden transmitir la mutación a sus cachorros. Las investigaciones apuntan a que un ancestro común difundió esta variante entre muchas razas modernas y sus cruzas.
Razas con mayor riesgo
Se ha descrito PRA en decenas de razas, pero algunas concentran la mayor parte de los casos en la consulta:
- Caniche (poodle) miniatura y toy: ceguera nocturna típicamente entre los 3 y 5 años.
- Cocker spaniel americano e inglés: inicio similar, con progresión a ceguera en uno o dos años.
- Labrador y golden retriever: suele manifestarse algo más tarde, entre los 4 y 6 años.
- Mestizos de estas razas (por ejemplo, cruzas tipo “doodle”), que pueden heredar la mutación igual que los puros.
Los gatos también la padecen: en el abisinio y el somalí existe una forma hereditaria de inicio tardío que lleva a la ceguera alrededor de los 3 a 5 años.
Síntomas que el tutor puede notar
- Inseguridad o torpeza en ambientes con poca luz, escaleras o lugares nuevos.
- Pupilas más dilatadas de lo normal y un “brillo” ocular llamativo en fotos o con luz baja.
- Se apoya más en el olfato, camina pegado a las paredes o sigue de cerca al tutor.
- En etapas avanzadas, opacidad del cristalino: la PRA puede acompañarse de cataratas secundarias.
Como el proceso es lento y el perro se adapta usando el olfato y la memoria del hogar, muchos tutores solo lo notan cuando cambian los muebles de lugar o en un viaje.
Cómo se diagnostica
El médico veterinario realiza un examen oftalmológico con fondo de ojo, donde se observan signos como hiperreflectividad del tapetum, adelgazamiento de los vasos retinianos y palidez del disco óptico. Cuando hay cataratas que impiden ver la retina, o para confirmar etapas tempranas, se recurre a la electrorretinografía (ERG), una prueba no dolorosa que mide la respuesta eléctrica de la retina a la luz y que suele realizarla un especialista en oftalmología.
Es importante descartar otras causas de pérdida visual con tratamiento, como el glaucoma, la uveítis o la hipertensión arterial, por lo que a menudo se complementa con medición de presión intraocular y de presión arterial.
El test de ADN: la verdadera prevención
Para varias formas de PRA, incluida la prcd, existe un test genético que se hace con una muestra de sangre o de mucosa bucal a cualquier edad. El resultado clasifica al perro como libre, portador o afectado, lo que permite:
- Planificar cruzas responsables: un portador puede reproducirse con un perro libre sin que nazcan cachorros afectados.
- Exigir resultados al comprar un cachorro de raza en riesgo, algo coherente con la normativa de criaderos.
- Anticipar el diagnóstico en un perro joven y preparar a la familia.
Conviene recordar que cada test detecta una mutación concreta: un resultado “libre” para prcd no descarta otras formas de PRA propias de algunas razas. Profundizamos en estos alcances en nuestra guía de test de ADN en perros y gatos.
Vivir con un perro ciego
No existe tratamiento que detenga la degeneración, pero la PRA no es dolorosa y la mayoría de los perros se adapta muy bien. Algunas medidas útiles:
- Mantener los muebles y el plato de comida siempre en el mismo lugar.
- Proteger escaleras y piscinas con rejas, y usar alfombras de textura distinta como “señales” táctiles.
- Hablarle antes de tocarlo y reforzar comandos verbales.
- Controles periódicos para vigilar cataratas, uveítis o glaucoma secundarios.
En la clínica, registrar el resultado genético, los hallazgos de fondo de ojo y la evolución en la ficha clínica electrónica permite comparar controles en el tiempo y dejar una alerta visible para todo el equipo, algo especialmente valioso en pacientes senior con varias condiciones a la vez.
Preguntas frecuentes
¿La atrofia progresiva de retina en perros tiene cura?
No. Hoy no existe tratamiento que detenga la degeneración de la retina, aunque se investigan terapias génicas. La enfermedad no causa dolor y la mayoría de los perros se adapta bien a la ceguera con cambios simples en el hogar.
¿A qué edad aparece la PRA en perros?
Depende de la raza y del tipo de PRA. En la forma prcd, caniches y cocker suelen mostrar ceguera nocturna entre los 3 y 5 años, y labradores algo más tarde; un examen oftalmológico puede detectarla antes de que el tutor note síntomas.
¿Cómo saber si mi perro es portador de atrofia progresiva de retina?
Solo con un test de ADN, ya que los portadores ven con normalidad. La prueba se toma con sangre o hisopado bucal a cualquier edad e indica si el perro es libre, portador o afectado para esa mutación específica.
¿Cómo puede la clínica hacer seguimiento a un perro con PRA?
Lo ideal es agendar controles oftalmológicos periódicos y dejar registrado el resultado genético y los hallazgos de cada examen. En Wirevet esa información queda en la ficha clínica del paciente y se pueden programar recordatorios automáticos de control para el tutor.
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