Glaucoma en perros y gatos: una urgencia ocular

Primer plano del ojo de un perro examinado en una consulta de oftalmología veterinaria

El glaucoma es una de las pocas emergencias oftalmológicas de verdad: cuando la presión dentro del ojo se dispara, el nervio óptico empieza a dañarse en cuestión de horas y la visión perdida no se recupera. Reconocer los signos a tiempo puede ser la diferencia entre conservar el ojo o perderlo.

¿Qué es el glaucoma?

El glaucoma es una enfermedad dolorosa caracterizada por el aumento sostenido de la presión intraocular (PIO). El ojo produce y drena de forma constante un líquido llamado humor acuoso; cuando ese drenaje se obstruye, el líquido se acumula, la presión sube y comprime la retina y el nervio óptico. Valores por sobre 25 mmHg ya se consideran indicativos de glaucoma, y mientras más alta y prolongada sea la presión, mayor es el daño irreversible.

Se distingue el glaucoma primario, de origen hereditario y asociado a ciertas razas, del secundario, que aparece como consecuencia de otra patología ocular (uveítis, luxación del cristalino, tumores o traumatismos). En perros es más frecuente que en gatos, donde suele ser secundario y de instalación más lenta.

Señales de alarma que no debes ignorar

Un episodio agudo de glaucoma suele ser evidente y muy molesto para el animal. Estos son los signos que obligan a acudir de urgencia:

  • Ojo rojo con vasos muy marcados en la esclera (la parte blanca).
  • Pupila dilatada que no responde a la luz (midriasis).
  • Córnea azulada o turbia por edema corneal.
  • Dolor evidente: el animal entrecierra el ojo, lagrimea, rehúye el contacto y puede estar apático o sin apetito.
  • Ojo agrandado (buftalmia) en los casos más avanzados.
  • Pérdida de visión repentina: choca con objetos o parece desorientado.

En los gatos el cuadro puede ser más sutil y confundirse con una simple conjuntivitis, por lo que ante cualquier ojo rojo o molesto que no mejora conviene una revisión.

Por qué es una urgencia real

A diferencia de otras molestias oculares, el glaucoma agudo es una carrera contra el reloj. Una presión intraocular muy elevada puede dañar el nervio óptico de forma irreversible en 24 a 48 horas, e incluso en menos tiempo cuando los valores son extremos. Por eso no debe esperarse "a ver si mejora": bajar la presión lo antes posible es lo único que puede salvar la visión que aún queda. Igual que en un triaje de urgencias, cada minuto cuenta.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico se confirma midiendo la presión intraocular con un tonómetro, un procedimiento rápido e indoloro. El veterinario también evalúa el reflejo pupilar, el estado de la córnea y del cristalino, y en muchos casos deriva a un especialista en oftalmología.

El tratamiento persigue dos metas: controlar el dolor y reducir la presión. Se emplean fármacos que disminuyen la producción de humor acuoso o facilitan su drenaje. Cuando el manejo médico no logra estabilizar el ojo, se recurre a la cirugía: procedimientos con láser para reducir la producción de líquido, o el implante de válvulas de drenaje. En ojos ya ciegos y dolorosos, a veces la mejor opción para el bienestar del paciente es la remoción del ojo.

Prevención y control en pacientes de riesgo

El glaucoma primario no se puede prevenir del todo, pero sí detectar antes. Algunas razas —Cocker Spaniel, Beagle, Basset Hound, Husky Siberiano, Shar Pei, entre otras— tienen mayor predisposición, y en ellas conviene medir la PIO de forma periódica. Cuando un ojo ya desarrolló glaucoma, el otro suele estar en riesgo, por lo que el control regular es clave.

  • Consulta ante cualquier ojo rojo, doloroso o de aspecto distinto.
  • Trata a tiempo las patologías que pueden derivar en glaucoma secundario.
  • En pacientes predispuestos, agenda controles oftalmológicos de rutina.

Para las clínicas, el seguimiento de estos pacientes crónicos es más sencillo cuando cada medición de presión, tratamiento y control queda registrado en una ficha clínica ordenada, y cuando los recordatorios automáticos avisan al tutor cuándo toca el próximo control. Así ningún seguimiento se pierde y el ojo sano se protege mejor.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si mi perro tiene glaucoma?

Los signos típicos son ojo rojo, pupila dilatada, córnea azulada, dolor evidente y a veces el ojo agrandado o pérdida de visión repentina. Ante cualquiera de ellos acude de inmediato al veterinario: solo un tonómetro confirma la presión intraocular elevada.

¿El glaucoma en perros tiene cura?

No tiene cura definitiva, pero sí control. Con tratamiento médico o quirúrgico se puede bajar la presión, aliviar el dolor y conservar la visión que aún queda. La visión ya perdida por daño del nervio óptico no se recupera, por eso importa tanto actuar temprano.

¿En cuánto tiempo puede quedar ciego un ojo con glaucoma?

Cuando la presión sube de forma aguda y muy alta, el daño al nervio óptico puede ser irreversible en apenas 24 a 48 horas, a veces menos. Por eso el glaucoma agudo se considera una urgencia oftalmológica que no admite esperar.

¿Qué razas tienen más riesgo de glaucoma?

El glaucoma primario es más común en razas como Cocker Spaniel, Beagle, Basset Hound, Husky Siberiano y Shar Pei. En estos perros conviene medir la presión intraocular de forma periódica, sobre todo si ya hubo un episodio en un ojo.

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