Cataratas en perros: causas, síntomas y cuándo operar

Primer plano del ojo de un perro durante una evaluación oftalmológica veterinaria

Un día notas que el ojo de tu perro se ve azuloso o blanquecino y aparece la palabra que todos temen: cataratas. Pero no todo ojo opaco es una catarata, no toda catarata deja ciego al perro, y muchas sí tienen solución quirúrgica con muy buen pronóstico. Vale la pena entender la diferencia.

Qué es una catarata

La catarata es la opacificación del cristalino, el lente natural que está dentro del ojo y enfoca la luz sobre la retina. Cuando ese lente pierde transparencia, la luz deja de pasar y la visión se reduce en proporción a cuánto del cristalino esté comprometido. Se clasifica según su avance: incipiente (afecta menos del 15% del lente, casi sin impacto visual), inmadura, madura (opacidad total, el perro no ve por ese ojo) e hipermadura, en la que el cristalino empieza a degradarse y puede inflamar el ojo.

Catarata o esclerosis nuclear: no son lo mismo

Esta es la confusión más frecuente y la que provoca sustos innecesarios. Casi todos los perros mayores de 7 u 8 años desarrollan esclerosis nuclear: el cristalino se compacta con la edad y adquiere un tono azul-grisáceo uniforme. Se ve parecido a una catarata, pero no es una y no afecta significativamente la visión: no requiere tratamiento. Solo el examen oftalmológico con la pupila dilatada permite distinguirlas con certeza. Si tu perro senior tiene los ojos algo azulosos pero se mueve con normalidad, lo más probable es que sea esclerosis nuclear.

Por qué aparecen

  • Genética: es la causa más común. Razas como el Cocker Spaniel, el Poodle, el Bichón Frisé, el Schnauzer miniatura y el Golden Retriever tienen predisposición hereditaria, y pueden presentarlas incluso siendo jóvenes.
  • Diabetes mellitus: la causa metabólica principal, y la más agresiva (ver más abajo).
  • Otras enfermedades endocrinas: el síndrome de Cushing, el hipotiroidismo y la hipercalcemia también se asocian a cataratas.
  • Traumatismos y uveítis: un golpe o una inflamación intraocular pueden opacificar el cristalino de forma secundaria.
  • Edad: las cataratas seniles existen, pero suelen progresar lento.

La conexión con la diabetes: una urgencia silenciosa

Esta parte merece atención especial. En el perro diabético, el exceso de glucosa en el cristalino se transforma en sorbitol, que atrae agua hacia el lente, lo hincha y lo opacifica. El proceso es notoriamente rápido: un perro diabético puede pasar de ver bien a tener cataratas maduras en semanas, a veces en días. Por eso, si tu perro tiene diabetes, cualquier cambio en el aspecto del ojo amerita evaluación inmediata: postergar la cirugía en estos casos empeora el pronóstico, porque el cristalino hinchado tiende a inflamar el ojo y complicar la operación posterior.

Señales a las que estar atento

  • Opacidad blanquecina, lechosa o cristalina en el centro del ojo (distinta del azul difuso de la esclerosis).
  • El perro choca con muebles, duda en las escaleras o se pierde en ambientes poco iluminados.
  • Inseguridad al caminar en lugares nuevos, aunque en casa se mueva bien (los perros memorizan su entorno y disimulan la pérdida de visión).
  • Ojo rojo, con dolor o lagrimeo: puede indicar inflamación asociada a una catarata hipermadura.
  • Aumento de sed y orina junto con opacidad ocular: sospecha de diabetes.

Tratamiento: la cirugía es el único camino real

No existen colirios, suplementos ni gotas que disuelvan una catarata ya formada, por mucho que se promocionen. El único tratamiento efectivo es la facoemulsificación: mediante una incisión mínima, se fragmenta el cristalino opaco con ultrasonido, se aspira y se reemplaza por una lente intraocular artificial. Es la misma técnica que se usa en medicina humana y en la mayoría de los casos no presenta complicaciones, con muy buen pronóstico de recuperación visual cuando la selección del paciente es adecuada. En cataratas diabéticas, la literatura reporta tasas de éxito del orden del 80-90%.

La clave está en el estudio previo: antes de operar es indispensable confirmar que la retina funciona (con electrorretinografía) y que no hay desprendimiento (con ecografía ocular). De nada sirve devolver la transparencia del lente si la retina detrás está dañada. Sumado a esto, un perro diabético debe llegar a pabellón con su glicemia estabilizada, lo que exige una evaluación anestésica cuidadosa.

El seguimiento es la mitad del tratamiento

El postoperatorio de catarata es exigente: colirios varias veces al día durante semanas, collar isabelino y controles oftalmológicos frecuentes. Aquí es donde la organización de la clínica pesa tanto como la técnica quirúrgica. Tener la progresión de la opacidad, las mediciones de presión intraocular y los resultados de laboratorio en una misma ficha clínica permite comparar la evolución control a control, y los recordatorios automáticos ayudan a que el tutor no falte justo en la semana crítica. En Wirevet ese historial queda trazable y comparable en el tiempo, que es exactamente lo que un caso oftalmológico crónico necesita.

Preguntas frecuentes

¿Mi perro tiene cataratas o es solo la vejez?

La mayoría de los perros mayores de 7 años desarrolla esclerosis nuclear, un tono azul-grisáceo uniforme del cristalino que no afecta la visión y no requiere tratamiento. La catarata, en cambio, es una opacidad blanquecina que sí bloquea la luz. Solo un examen con la pupila dilatada permite diferenciarlas con certeza.

¿Existen gotas o suplementos que quiten las cataratas?

No. Ningún colirio, vitamina ni suplemento disuelve una catarata ya formada, pese a lo que prometa la publicidad. El único tratamiento con evidencia es la cirugía de facoemulsificación; los medicamentos solo sirven para controlar la inflamación asociada.

¿Por qué el perro diabético desarrolla cataratas tan rápido?

El exceso de glucosa se convierte en sorbitol dentro del cristalino, que atrae agua, lo hincha y lo opacifica. El proceso puede tardar solo semanas, por eso en un perro diabético cualquier cambio en el ojo debe evaluarse de inmediato y no conviene postergar la cirugía.

¿Todos los perros con cataratas pueden operarse?

No. Antes de operar hay que confirmar que la retina funciona y que no está desprendida, mediante electrorretinografía y ecografía ocular. Si la retina está dañada, la cirugía no devolverá la visión. Registrar estos exámenes en la ficha clínica del paciente permite decidir con datos y seguir la evolución postoperatoria.

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