Pólipos nasofaríngeos en gatos: cuando el ronquido no es normal

«Ronca como una persona, pero es tan chiquitito». La frase se repite en consulta y muchas veces se toma como una gracia del gato. Sin embargo, en un felino joven —la mayoría tiene menos de dos o tres años— un ronquido permanente, una respiración ruidosa al inspirar o una cabeza ladeada que no se quita apuntan a una causa concreta y tratable: el pólipo inflamatorio, también llamado pólipo nasofaríngeo o auricular según hacia dónde crezca.
Qué es un pólipo inflamatorio felino
Es una masa benigna de tejido inflamatorio que nace en la mucosa del oído medio o de la trompa auditiva y va creciendo con un tallo. Desde ahí toma dos caminos: hacia la nasofaringe, por detrás del velo del paladar, obstruyendo el paso del aire; o hacia el conducto auditivo externo, apareciendo como una masa rosada dentro de la oreja. En algunos gatos crece en ambas direcciones.
No es un tumor maligno ni da metástasis, y ese es el mejor dato que un tutor puede recibir. Su origen exacto no está del todo aclarado: se han propuesto una malformación congénita y una respuesta inflamatoria crónica a infecciones del tracto respiratorio superior, algo frecuente en gatos que de cachorros pasaron por un complejo respiratorio felino.
Las señales que hay que mirar
- Respiración ruidosa o estertorosa, sobre todo al inspirar, que empeora al dormir o tras jugar.
- Estornudos, secreción nasal o descarga por un solo lado que no responde a antibióticos.
- Dificultad para tragar, arcadas o cambios en el maullido.
- Otitis unilateral crónica que reaparece una y otra vez pese al tratamiento tópico.
- Cabeza ladeada, nistagmo o falta de equilibrio si el oído medio está comprometido.
- Síndrome de Horner —pupila más pequeña, párpado caído, tercer párpado prominente— en el lado afectado.
Muchos de estos gatos llegan después de meses de tratamientos por otitis o por un supuesto cuadro respiratorio crónico. La clave que ordena el caso es la unilateralidad y la falta de respuesta al tratamiento médico.
Cómo se diagnostica
La exploración de la nasofaringe no se puede hacer con el gato despierto, así que el diagnóstico se confirma bajo anestesia general. Con el animal sedado, se retrae el velo del paladar con un gancho o se usa un endoscopio flexible retrógrado para ver la masa por detrás. La otoscopia revisa el conducto externo y el estado del tímpano.
El estudio se completa con imagen: radiografías de bullas timpánicas, aunque la tomografía computarizada es hoy el examen de elección porque muestra si la bulla está ocupada, cuánto se extiende la lesión y ayuda a planificar la cirugía. También permite descartar otras causas de masa nasofaríngea, como el linfoma o el carcinoma, mucho más probables en gatos mayores. El diagnóstico definitivo lo entrega siempre la histopatología de la pieza extraída.
Como es un paciente que se anestesia para diagnosticar y a menudo vuelve a anestesiarse para operar, conviene que toda la planificación anestésica, los exámenes previos y las imágenes queden juntos y accesibles en la ficha, no repartidos entre carpetas y correos.
Tratamiento: tracción o cirugía de la bulla
La opción menos invasiva es la tracción-avulsión: se toma el pólipo con una pinza y se retira aplicando tracción constante con una torsión suave hasta desprender el tallo. Es rápida, económica y muchos gatos quedan resueltos con eso. Su problema es la recidiva: las series publicadas describen tasas de recurrencia que llegan a un tercio o más de los casos, especialmente cuando la imagen muestra la bulla timpánica ocupada.
La alternativa definitiva es la osteotomía ventral de la bulla, que aborda quirúrgicamente el oído medio y elimina el tejido de origen. Es una cirugía mayor, con riesgo de síndrome de Horner postoperatorio —habitualmente transitorio— y de signos vestibulares, pero reduce la recurrencia a cifras muy bajas. La decisión se toma caso a caso: tracción cuando la bulla se ve sana, osteotomía cuando está ocupada o cuando el pólipo ya volvió a aparecer.
- Los corticoides postoperatorios se usan en algunos protocolos para disminuir la inflamación residual y el riesgo de recidiva.
- El control incluye revisar el oído y observar si vuelve el ruido respiratorio; la mayoría de las recurrencias aparecen en los primeros meses.
- El pronóstico general es bueno: se trata de una lesión benigna y los gatos suelen recuperar la respiración normal en días.
Un caso que se gana con seguimiento
Lo que marca la diferencia en estos pacientes no es solo la técnica quirúrgica, sino el control posterior. Un gato operado por tracción necesita revisiones programadas durante el primer año, porque detectar temprano una recidiva permite pasar a la osteotomía antes de que la otitis se cronifique. Con recordatorios automáticos asociados a la ficha del paciente y el informe de imagen adjunto en la historia clínica, el control no depende de que el tutor se acuerde. Y para revisar una duda puntual —¿volvió el ronquido?, ¿ese ladeo es el mismo?— una teleconsulta con un video breve ahorra un traslado que, en gatos, siempre es estresante.
Preguntas frecuentes
¿Es normal que mi gato ronque al dormir?
Un ronquido ocasional en una postura incómoda no preocupa, pero un ruido respiratorio permanente y audible incluso despierto no es normal en un gato joven. Si además estornuda, tiene secreción por una sola fosa nasal o ladea la cabeza, corresponde una revisión veterinaria.
¿Los pólipos nasofaríngeos son cáncer?
No, son masas inflamatorias benignas que no producen metástasis. Aun así, la muestra extraída se envía a histopatología para confirmarlo, sobre todo en gatos mayores, donde otras masas como el linfoma o el carcinoma son más probables.
¿Puede volver a salir después de operado?
Sí. Tras la tracción-avulsión la recidiva es relativamente frecuente, en especial cuando la tomografía muestra la bulla timpánica ocupada, mientras que la osteotomía ventral de la bulla la reduce de forma marcada. Por eso se programan controles durante el primer año y conviene que queden agendados como recordatorios en la ficha del paciente.
¿Se puede tratar con medicamentos en vez de cirugía?
No existe un tratamiento farmacológico que elimine el pólipo; los antibióticos y antiinflamatorios solo alivian temporalmente la infección y la inflamación asociadas. La extracción, por tracción o por cirugía de la bulla, es lo que resuelve el problema.
¿Quieres ver esto funcionando en tu clínica?
Te mostramos Wirevet con casos reales de tu especialidad y resolvemos todas tus dudas.