Leishmaniasis canina: qué es y por qué vigilarla

Es una enfermedad que la mayoría de los tutores chilenos nunca ha escuchado nombrar, y esa es justamente la razón por la que conviene conocerla: la leishmaniasis canina no es endémica en Chile, pero sí viaja con los perros que llegan desde España, Brasil, Argentina u otros países donde el parásito circula todos los días.
Qué es la leishmaniasis canina
Es una enfermedad parasitaria producida por protozoos del género Leishmania —en el perro, principalmente Leishmania infantum—. No se contagia de perro a perro por contacto: necesita un insecto vector, un flebótomo (mosquito de arena) del género Lutzomyia en América o Phlebotomus en la cuenca del Mediterráneo, que pica a un animal infectado y luego a otro sano.
El perro es el principal reservorio doméstico del parásito y la enfermedad es una zoonosis: en las zonas endémicas también afecta a las personas, aunque siempre a través de la picadura del vector y no del contacto directo con la mascota. En Chile la enfermedad no es endémica, por lo que los casos que aparecen se asocian a animales con antecedente de viaje o de haber vivido en el extranjero.
Por qué importa en Chile
El movimiento de mascotas entre países aumentó de forma sostenida con el retorno de familias migrantes, las adopciones internacionales y los traslados laborales. Un perro puede llegar al país sin ningún signo visible: entre un tercio y más de la mitad de los animales infectados permanecen asintomáticos durante meses o años, y recién manifiestan la enfermedad cuando su sistema inmune se desequilibra.
El ingreso de perros y gatos al país está regulado por el SAG y exige certificado sanitario, vacunación antirrábica vigente y tratamiento antiparasitario interno y externo previo al embarque, además de un examen clínico que declare al animal libre de enfermedades infecciosas y parasitarias. Ese filtro reduce riesgos, pero no descarta una infección latente. Si quieres repasar el trámite completo, lo vimos en el rol del SAG en el ingreso de mascotas.
Señales clínicas que deben encender la alarma
La leishmaniasis canina es una gran imitadora: sus signos se confunden con alergias, enfermedad renal o cuadros inmunomediados. Las presentaciones más frecuentes incluyen:
- Lesiones cutáneas: descamación seca (caspa abundante), alopecia alrededor de los ojos y en el hocico, úlceras en puntos de apoyo y en la punta de las orejas.
- Crecimiento anormal de las uñas (onicogrifosis), un signo bastante sugerente.
- Baja de peso progresiva con apetito conservado, atrofia muscular en la cabeza.
- Ganglios linfáticos aumentados de tamaño y bazo palpable.
- Sangrado nasal, lesiones oculares (uveítis, conjuntivitis) y cojeras por dolor articular.
- Compromiso renal: es la principal causa de muerte y puede ser lo primero que aparezca en los exámenes.
Cómo se diagnostica
Ningún examen aislado cierra el diagnóstico. El abordaje habitual combina la sospecha clínica con el antecedente de viaje y varios apoyos de laboratorio:
- Serología cuantitativa, que mide el nivel de anticuerpos y ayuda a diferenciar una exposición de una enfermedad activa.
- Citología de ganglio, médula ósea o lesiones cutáneas, buscando amastigotes dentro de los macrófagos.
- PCR sobre tejido, médula o sangre para confirmar la presencia del ADN del parásito.
- Perfil bioquímico, hemograma, proteinograma y relación proteína/creatinina urinaria para estadificar el daño renal y el compromiso sistémico.
Por eso el antecedente de procedencia es información clínica de primer orden. Una ficha clínica electrónica que registre el país de origen del paciente y sus viajes evita que ese dato se pierda entre consultas y permite que cualquier profesional del equipo lo vea al abrir el caso.
Tratamiento y pronóstico
La leishmaniasis canina se controla, pero rara vez se cura por completo: el objetivo es reducir la carga parasitaria, revertir los signos clínicos y proteger la función renal. Los protocolos combinan antiparasitarios específicos con inmunomoduladores, siempre indicados por el médico veterinario, y requieren controles periódicos de por vida con serología y perfil renal. Los perros diagnosticados en etapas tempranas, sin compromiso renal, tienen un pronóstico bastante mejor que aquellos que llegan con proteinuria establecida.
Prevención: el control del vector es la clave
- Antiparasitarios externos con acción repelente (collares o pipetas con piretroides) mientras el perro esté en zona endémica o vaya a viajar a una.
- Evitar la exposición al atardecer y de noche, que es cuando el flebótomo está más activo.
- Tamizaje serológico en perros que llegan desde países endémicos, aunque se vean sanos, y repetirlo al año.
- Consulta antes de viajar: si la familia se traslada con la mascota a España, Brasil o el sur de Europa, conviene planificar la prevención con anticipación, igual que se hace con la dirofilariosis.
Qué puede hacer la clínica
Para el equipo clínico, el desafío no es tratar muchos casos, sino no dejar pasar el primero. Sirve incorporar al protocolo de anamnesis una pregunta fija sobre procedencia y viajes, dejar registrada esa respuesta en la ficha y agendar de forma automática los controles de seguimiento de un paciente diagnosticado. En Wirevet, esos controles se programan como citas recurrentes con recordatorio al tutor, y los resultados de laboratorio quedan adjuntos en la misma historia clínica, de modo que la evolución de la serología y de la función renal se lee de un vistazo.
Preguntas frecuentes
¿La leishmaniasis canina existe en Chile?
Chile no es una zona endémica de leishmaniasis y no se ha descrito transmisión habitual dentro del país. Los casos que se ven corresponden a perros que vivieron o viajaron a países donde el parásito circula, como España, Brasil o Argentina.
¿Se le puede contagiar a mi familia?
No por contacto directo. La leishmaniasis es una zoonosis, pero necesita la picadura de un flebótomo infectado para transmitirse: acariciar, dormir con el perro o compartir espacio no contagia.
¿Mi perro se cura de la leishmaniasis?
En la mayoría de los casos la enfermedad se controla, no se elimina. Con tratamiento y seguimiento de por vida muchos perros viven años con buena calidad de vida, y el pronóstico depende sobre todo de cuánto daño renal exista al momento del diagnóstico.
¿Qué debo avisar en la consulta si adopté un perro traído del extranjero?
Cuenta el país de origen, cuánto tiempo vivió allá y qué exámenes trae. Ese antecedente cambia por completo la lista de sospechas del veterinario y conviene que quede escrito en la ficha clínica del paciente, no solo conversado.
¿Quieres ver esto funcionando en tu clínica?
Te mostramos Wirevet con casos reales de tu especialidad y resolvemos todas tus dudas.